19 octubre 2013

El grillo del tiempo

El mundo de los insectos siempre resulta fascinante y no deja de asombrarnos de manera continua. Si hace algún tiempo nos enterábamos de la habilidad astronómica de los escarabajos peloteros (Scarabeus satyrus) para utilizar el resplandor que nos llega procedente de la Vía Láctea como forma de orientarse durante la noche, no es menos interesante la capacidad del grillo campestre (Gryllus campestris) de informarnos sobre la temperatura ambiental en función de su conocido cricrí.


Los grillos, como muchos otros insectos, estridulan, esto es, emiten sonidos por medio de la fricción entre diferentes partes de su cuerpo. En el caso de Gryllus campestris, es el macho el que emite los sonidos levantando ligeramente las alas anteriores y frotando una contra otra. En este enlace puede apreciarse como emite un grillo el característico cricrí aunque se trate de otra especie diferente de grillo.
Sin embargo, al protagonista de la historia que hoy contamos, podemos escucharlo en este otro enlace.
En nuestro medio, el campo, los grillos son tan habituales que poca atención habían despertado en nosotros hasta enterarnos, hace poco, de su habilidad predictora de la temperatura ambiental.
Según el National Weather Service Weather Forecast Office, de El Paso (Tejas), al número de cricrís en 15 segundos sumándole 40, nos daría la temperatura ambiental en grados Fahrenheit, o

( CG15 + 8 ) / 1.8 = T ºC

para obtener la temperatura en grados Celsius que es la que habitualmente utilizamos.
Es una verdadera lástima habernos enterado de ello cuando los grillos se han tomado unas merecidas vacaciones de su habitual labor de ejercer de grillos del tiempo porque se nos han planteado muchas cuestiones.
Utilizando el conversor mencionado del National Weather Service Weather Forecast Office, hemos encontrado cosas curiosas, por ejemplo:
1 cricrí en 15 segundos indicaría una temperatura de 5ºC.
10 cricrís en 15 segundos nos indicaría una temperatura de 10ªC.
46 cricrís en 15 segundos nos indicaría que se trata de una noche bastante calurosa (30ºC), mientras que 64 nos informaría de que se trata de una noche insoportable (40ºC), tanto por el calor como por la serenata.
Pero a la inversa, no parece válido:
4,4ºC sería la temperatura a la que los grillos no hacen cricrí, mientras que tendrían que hacer -8 cricrís para que la temperatura fuese 0ºC.


Al margen de estas disquisiciones un tanto absurdas, sí es cierto que todos hemos experimentado que en verano, cuanto más calor hace, más se animan los grillos, y al contrario, cuanto más fresca, menos serenatas.
Pero se nos ocurren experimentos curiosos: ¿cómo respondería una hembra de grillo al canto del macho según la temperatura? ¿Preferirá un barítono o un tenor?
El próximo verano idearemos algo al respecto. Lo que sí parece bastante claro es algo que siempre hemos sostenido: la actividad de cualquier insecto es dependiente de la temperatura. Los insectos no pueden regular su temperatura corporal y dependen de la temperatura exterior. A más temperatura, más actividad. Es por eso por lo que cuando llega el otoño y empiezan a bajar las temperaturas, muchos insectos que tienen que hibernar, buscan lugares resguardados donde su metabolismo pueda mantenerse en una situación mínima suficiente para esperar la llegada de la nueva primavera. ¿Será por eso por lo que ya no se escucha a los grillos por la noche?

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