28 agosto 2012

Siempre aprendemos algo

El pasado fin de semana disparé mi cámara fotográfica hacia unas mariposas que revoloteaban alegremente por las flores en San Ildefonso (Segovia). Contaba con intentar identificarlas a posteriori.


Es bastante probable que se trate de Argynnis paphia, conocida vulgarmente como nacarada; pero como suele ser habitual con nuestras dudas taxonómicas, dejémoslo en Argynnis, género que en nuestra Península cuenta con cinco especies. Como las claves de identificación cuentan con detalles del reverso de las alas que no pudimos capturar con nuestra cámara, lo dejaremos en eso, en Argynnis. Sin embargo, comparando diferentes ejemplares fotografiados, algo nos llamó la atención.


A parte de tener las alas posteriores deterioradas por algún más que probable desagradable encuentro con algún depredador, hay ciertas diferencias apreciables en las primeras venaciones.


Y eso es lo que nos ha llevado a aprender algo nuevo sobre los lepidópteros que desconocíamos. En la foto superior, el ejemplar de la izquierda es una hembra, mientras que el de la derecha es un macho y las flechas lo que señalan son las escamas androconiales, unas estructuras especializadas de los machos de algunas mariposas donde se encuentran unas glándulas que son las encargadas de la secreción de feromonas. Realmente práctico que se encuentren en las alas, porque al batir estas durante el vuelo, favorecen la dispersión de dichas feromonas para atraer a la hembra.

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08 noviembre 2009

Necrohistoria de amor

Hace poco leíamos la noticia de un artículo científico publicado en la revista Nature, según el cual el apareamiento, en la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster), no se desencadena por acción de las feromonas. En este trabajo, un equipo de investigadores de la Universidad de Toronto, utilizó un gen que, al insertarlo artificialmente en el genoma de la mosca, provoca que la mosca no produzca feromonas que, supuestamente, son las responsables de la atracción sexual intraespecífica. Así, fueron capaces de analizar el comportamiento de estos insectos una vez que dejaban de generar esas sustancias. Sorprendentemente, "los resultados nos mostraron que las moscas macho se sentían más atraídas por las hembras cuyas células habían muerto o incluso escogían a las de su mismo género, antes que a las hembras sin tratar", es decir, la ausencia de feromonas provocaba un auténtico aquelarre, o como titulaba la noticia un diario las moscas sin feromonas son "sexualmente irresistibles".
Bien, hoy hemos hecho una observación curiosa e igualmente sorprendente hasta donde sabemos. Anoche, antes de irnos a la cama, reparamos en el cadáver de una mosca en la pared. Era muy tarde y allí se quedó. Hoy, al ir a quitar los restos del insecto muerto, hemos comprobado que otra mosca estaba copulando con el cadáver. En un primer momento, hemos dudado de que estuviese realmente muerto; pero tras sacar unas fotos rápidas (no muy logradas por cierto) hemos procedido a espantar al necrófilo y a comprobar que la otra mosca estuviese realmente muerta. Muerta y bien muerta; e insistente el necrófilo en su tarea al volver siempre a la misma perversión cada vez que era espantado. De alguna manera, nuestra observación es consecuente con el artículo publicado en Nature y, hasta donde nosotros sabemos, no hemos encontrado referencia alguna a este tipo de comportamiento, un acto de necrofilia en la mosca doméstica (Musca domestica). El animal muerto habría dejado de producir feromonas y, por tanto, ser "sexualmente irresistible". Ahora bien, el animal vivo no se encontraba manipulado genéticamente como las moscas del vinagre del artículo científico de referencia.
Os dejamos con la serie fotográfica de esta Necrohistoria de amor, clara referencia a la canción del mismo título de El Chivi.





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