22 junio 2011

Lucha de titanes

Hace unos días pudimos observar uno de esos episodios de la Naturaleza inquietantes y de resultado aparentemente incierto. Una avispa quedó enredada en la tela de una pequeña araña. Fiel a su instinto y al aviso de que una presa había caído en su tela, la pequeña araña acudió presto para dar cuenta de ella. Su sorpresa debió ser mayúscula cuando se encontró con una avispa mucho mayor que ella.



Con cautela, la araña intentaba acercarse a la avispa para inocularle su veneno y así dejarla completamente inmóvil para iniciar su digestión externa.



A lo cual, lógicamente, la avispa no se prestaba y se debatía por desasirse de la tela y amenzaba a su vez a la araña con clavarla su mortífero aguijón. Resultaba una auténtica lucha de titanes en la que lo que faltaba era saber quién ganaría.



De algún modo, ambas consiguieron su objetivo: la araña consiguió clavarle sus quelíceros a la avispa; y ésta consiguió liberarse de la tela. Sin embargo, el resultado fue lamentable para ambas: la araña no pudo comerse a la avispa; y ésta, incapaz de volar por el veneno de la araña, deambuló torpemente durante unas horas hasta quedar paralizada y acabar muriendo.

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24 julio 2010

Disecando el nido

El hallazgo reciente de un nido de un tipo de avispa excavadora del género Sceliphron (familia: Sphecidae) que construye nidos de barro incluso dentro de las casas, y sobre el que ya hemos publicado una entrada con anterioridad, ha despertado nuestra habitual curiosidad por saber lo que estaba sucediendo en su interior. La rotura de uno de los estuches de forma accidental había permitido que una larva saliese al exterior.





Como publicábamos entonces, se trata de un depredador de arañas a las que paraliza con su picadura para que sirvan de alimento a la larva dentro del nido. Construye nidos de barro individuales, para cada una de sus larvas, pero unidos unos a otros en lugares remotos o poco accesibles. La apertura de uno de esos estuches nos mostró su interior relleno de arañas inmovilizadas.



No hemos podido precisar cuántas arañas precisa esta avispa por nido debido a que la voraz larva, dando buena cuenta de ellas, crece en la medida en la que disminuyen el número de integrantes de la despensa, pero, en cualquier caso, son bastantes las que debe necesitar.



Como la avispa va construyendo los diferentes nidos, cazando arañas y poniendo un huevo en cada estuche, el abundante número de estos nos permite comprobar los diferentes estadios en que se encuentran las diferentes larvas durante su metamorfosis completa u holometábola. Incluso, como el ejemplar de la fotos siguiente, procediendo en plena muda larvaria.



Una vez que la larva ha devorado todas las arañas disponibles, procede a transformarse en pupa.



Como es lógico pensar, los estuches más inferiores deben encontrarse en una fase más avanzada de su metaformosis y como la avispa, para ahorrar barrillo, aprovecha la propia superficie sobre los que los construye, dos de esos estuches, íntegros, con una pupa cada uno, han sido preservados para el momento en que emerja el adulto para la identificación exacta de la especie, así como sobre el momento en que esto se produzca (probablemente Sceliphron destillatorium).



Es de suponer que invernan en este estado hasta la primavera próxima en que surjan los adultos para iniciar un nuevo ciclo vital.
Para un experto en arañas, sería fácil identificar las especies sobre las que depreda este tipo de avispa, pero no es mi caso. De las diferentes especies recuperadas del interior de los estuches, una de las más frecuentes son unas de un abdomen voluminoso de tonalidad verdosa.



Estas otras, también frecuentes en los estuches, no ofrecen ninguna duda, se trata de las pequeñas araña cebra (Salticus scenicus) en el centro de la foto.

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15 febrero 2008

El fabuloso mundo de las agallas

En una entrada anterior hemos hablado ya de las agallas y del mecanismo de defensa que suponen para preservar la planta del ataque de determinados insectos: las avispas de las agallas. Lo verdaderamente fascinante de estos procesos consiste en que, si bien son determinadas especies las que inducen su formación, el resultado no siempre es el esperado. Esto es, si una agalla es inducidad por Cynips coronatus, cabría esperar que en el interior de dicha agalla encontrásemos un ejemplar de este tipo de avispa. Pero a menudo (muy a menudo) no resulta así. Comensales, oportunistas, depredadores y parásitos se acostumbran a aprovechar del trabajo de otros y, rara vez, encontramos en una agalla lo que cabría esperar.



Las lentejuelas en las hojas de Quercus pyrenaica suelen estar inducidas por Neuroterus quercusbaccarum, aunque estas pueden ser sedosas o lisas.



En este caso, la avispa responsable puede ser Neuroterus numismalis o Neuroterus albipes.

Las agallas cereza son mucho más grandes, también en las hojas del roble, y se atribuyen a Cynips quercusfolii.



En el interior de una de estas agallas observamos una larva de imposible identificación para nosotros.



No vamos a describir aquí todos los tipos de agallas que hemos encontrado, pero, con respecto a la más típica, la gallarita o gallarón (Ver entrada anterior), en su interior podemos encontrar cualquier cosa,



desde un imago adulto, alado, presumiblemente correspondiente a la especie inductora de la agalla, hasta otros tipos de comensales, oportunistas...



...o incluso depredadores, como esta araña



perfectamente hospedada en la agalla como puede observarse por la tela de araña en su interior.

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24 julio 2007

Los enemigos de los insectos

Los insectos tienen muchos enemigos. Muchos de ellos son depredadores de otros insectos, como por ejemplo las Coccinellas que se alimentan de pulgones, tanto durante su fase de larva como en la vida adulta. Sin embargo, queremos dedicar este post a esos otros "enemigos" de los insectos pertenecientes a otros grupos y, para los cuales, los insectos representan su principal fuente de alimento, como los arácnidos. Este ejemplar de araña ha estado con nosotros mes y medio dando buena cuenta de cuanta mosca le proporcionábamos.



Anfibios y reptiles suelen ser depredadores naturales de los insectos. También aves y algunos pequeños mamíferos, como por ejemplo, los murciélagos. Esta pequeña salamanquesa (Tarentola mauritanica) espera al acecho de que se aproxime cualquier incauto insecto susceptible de ser devorado.



Pero, de todos los enemigos de los insectos, hay que destacar al Depredador por excelencia, y no precisamente porque suela alimentarse de ellos: el ser humano. Nuestra frenética actividad insecticida suele ir más allá de lo que resulta razonable por cuestiones de salud o economía alimentaria. Les declaramos una guerra indicriminada por la única razón de tener seis patas y sin atender a razones de que, muchas especies de insectos, son beneficiosas para nuestro propio estilo de vida y nuestras diarias necesidades.

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